Todos los gastos superfluos como un periódico o un café fuera de casa tienen, a largo plazo, un gran impacto en nuestro bolsillo. Por eso, es preciso analizar en qué se nos va el dinero e intentar reducir al mínimo estos pequeños gastos si queremos ahorrar. Muchas veces, con llevar un tupper con comida o compartir el plato con un compañero de oficina basta para dejar de desperdiciar euros muy valiosos.
Ahorrar dinero es ahorrar tu tiempo
Muchas veces no nos damos cuenta que cada euro que gastamos equivale a mucho tiempo invertido en el empleo. Si el gasto es innecesario, ese valioso tiempo que hemos pasado se convierte mágicamente en minutos u horas que hemos tirado a la basura en un segundo. Por eso, la principal regla para los ahorradores es saber cuánto tiempo estamos dispuestos a gastar en caprichos.
Las máximas comodidades de la vida moderna no son más que lujos innecesarios por las que nos volvemos esclavos del dinero y de nuestros empleos. Vivir con un poco menos de confort equivale, en la mayoría de los casos, a no llegar con las tarjetas de crédito en rojo al finalizar el mes. Simplemente se trata de evaluar qué es lo más importante para nosotros: poder disfrutar de nuestro tiempo libre, de nuestros amigos y la familia, o ser esclavos del dinero.
Antes de hacer una compra innecesaria, calcula cuánto tiempo estás invirtiendo
Cuando vayas a cambiar el TV o el ordenador sólo porque crees que estás pasado de moda o si has decidido tirar a la basura esos jeans porque ya no están in, piensa cuánto tiempo de tu vida estás dejando ir. Esta es una buena forma de tomar conciencia lo que nos cuesta ganar el dinero y cómo estamos dispuestos a desperdiciarlo. No se trata de vivir en la miseria, sino de ser responsables con nuestro dinero si es que queremos tener ahorros.
Para saber cuántas horas estás invirtiendo en la compra de cada artículo, primero debes obtener el valor real de tu hora de trabajo. Para eso, debes tomar tu salario neto, restar los gastos relacionados con el empleo (viajes, vestimenta, comidas, etc.) y luego dividirlo por tus horas de trabajo. Una vez que obtienes cuánto te cotizas, simplemente divide el valor de lo que quieres comprar por tu hora laboral y obtendrás cuánto deberás trabajar para ganarlo. Esto puede llevarte a pensar si realmente vale la pena el esfuerzo o, por el contrario, animarte a luchar hasta alcanzarlo.
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