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Transporte público: la mejor forma de moverse

por Daniel Schvartzman 9 - Septiembre - 2009

Transporte público: la mejor forma de moverse

Transporte público: la mejor forma de moverse


En un mundo que se mueve cada vez más deprisa, podemos pensar que el transporte público es una opción ineficaz: hay pocos transportes, tardan mucho, son incómodos… Pero lo cierto es que en las grandes ciudades, como Madrid o Barcelona, se configuran como una alternativa perfecta para la gran mayoría. No cabe duda de que podrían ser mejores y funcionar de manera más óptima, pero su desarrollo ha sido considerable en los últimos años y desde luego han facilitado mucho nuestras vidas.

Económicamente, no cabe duda de que suponen un ahorro considerable respecto a comprar y mantener un coche. Pero tienen también un valor ecológico, tanto por el hecho de que cada vez más transportes funcionan con medios no contaminantes, como porque con un sólo vehículo se mueven multitud de personas. Incluso psicológicamente los trayectos en transporte público pueden ser ventajosos, como actividad social, como sitio de lectura, para adelantar trabajo o simplemente para descansar. Por el contrario, los viajes en coche suelen ser a menudo generadores de estrés.

El transporte público: problemas

Todos los medios de transporte públicos, el metro, el cercanías, el autobús, son susceptibles de tener fallos y problemas (de horarios, de falta de espacio), pero lo mismo se puede decir de los coches, con sus accidentes, sus averías y los atascos. Sin embargo, una avería o un atasco, cuando vamos en coche, se convierten en callejones sin salida, con grandes pérdidas de dinero y de tiempo.

Pero ante estos mismos problemas, con el transporte público existen alternativas. En primer lugar, ante una avería un grupo de personas se moviliza inmediatamente para solucionar el problema, facilitando una sustitución o intentando arreglar la avería lo antes posible. Es más, los medios de transporte deben seguir un estricto plan de mantenimiento que les obliga a revisar el vehículo frecuentemente, para evitar precisamente cualquier avería. Pero incluso cuando ocurre, o cuando nos encontramos en un atasco, podemos decidir dejar el transporte y seguir a pie o por otros medios.

Transporte público: libertad y ahorro

En realidad, la principal desventaja del transporte público frente al coche o las motos es que perdemos esa aparente libertad que nos permite decidir cuándo y cómo movernos de un lugar a otro (más frecuentemente, de casa al trabajo) y, en principio, una mayor comodidad. Este segundo punto es algo relativo, ya que conducir nos obliga a estar atentos, sin poder descansar, relajarse o leer un libro.

En cuanto a la libertad aparente, lo cierto es que un coche es algo que hay que cuidar, lo cual ocupa dinero y tiempo, y obliga a considerar otros factores, como dónde aparcar, dónde y cuándo echarle gasolina, tiempos de atasco, etc.

En definitiva, el transporte público es más barato, más ecológico y menos estresante.

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