Sucede alrededor de mundo que hay ciertos gastos que solo pueden cubrirse con monedas. Generalmente con costos pequeños que ameritan ser abonados con cambio pequeño. Colectivos, estacionamientos, subtes, trenes, teléfonos públicos y otras tantas instancias de la vida cotidiana que requieren que el precio no sea abonado con billetes.
Ahora bien, algo que parece relativamente inofensivo puede llegar a convertirse, en primer término, en un incordio y, en segundo término, en un gasto innecesario de dinero en busca del cambio necesario.
Día tras día
Si bien pareciera que comprar algo en un kiosco, o algún otro comercio que ofrezca productos de bajo costo, no puede devenir en una diferencia vital para nuestra economía, lo cierto es que sí es factible de convertirse en tal.
Supongamos que debemos viajar en un medio transporte tal que precise ser abonado en monedas. Pues entonces, para conseguir tales compramos un paquete de caramelos o de chicles en el kiosco más cercano.
Al otro día, debemos hacer lo mismo. Y así sucesivamente día tras día. De esta manera, el costo que calculamos en viáticos se incrementa enormemente a partir de todas estas pequeñas compras que, a fin de mes, pueden presentarse como una suma interesante y factible de ser repensada.
Las políticas económicas de cada país han intentado buscar salidas viables para la necesidad de utilizar monedas: tarjetas magnéticas, boletos electrónicos, tarjetas de débito, abonos mensuales y tantos otros.
Lo cierto es que, es tarea de cada cual, fijarse de que manera consigue su cambio. Podemos pensar, a partir de esto, en cualquier tipo de cambio chico. Muchas vecespor temor a no pode abonar un precio pequeño con un billete mucho más alto, lo cambiamos en algo que resulta hasta incluso innecesario.
Ahorrando en estos pequeños espacios se puede hacer, a fin de mes, una diferencia importante en cuanto al destino de nuestro dinero.
Buscando alternativas
En principio, estar atento. Evaluar, por ejemplo, cuantas monedas necesitaremos a lo largo de cierto período (una semana, diez días, un mes).
Luego, intentar buscar otros medios efectivos y veloces para solventar esta situación. Una muy buena alternativa es la de acercarse al banco más cercano y pedir una cierta cantidad de dinero en monedas, de manera tal que logremos cubrir el período del que hablábamos antes.
Quizá sea necesario emplear algunos minutos de un día (quizá una vez a la semana). Sin embargo, si podemos hacer de ello una costumbre no lo sentiremos como algo molesto o engorroso sino como parte de un recorrido diario que nos ofrecerá una buena alternativa para el gasto extra en la búsqueda del cambio pequeño.
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