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Los mejores consejos para ahorrar

Los Mitos del Ahorro

Freegan: ahorradores en exceso

por Laura Rivero Octubre - 10 - 2009

El lado extremo del ahorro

El lado extremo del ahorro


Un movimiento despierta curiosidad en el mundo entero y Estados Unidos parece ser el epicentro. Millones de personas en el mundo entero viven de la basura, muchos de ellos son indigentes o de muy escasos recursos pero en la actualidad, cada vez son más las personas con poder adquisitivo que se suman a las búsquedas callejeras, intentando rescatar aquello que otros tiran.

Un ahorrador total que intenta desprenderse del capitalismo

Un freegan es un ahorrador total, que intenta restringir al máximo su impacto en la economía. Así es como intentará buscar formas alternativas de viajar, hospedarse, comer, vestirse e incluso buscará otros recursos para la higiene personal. No sólo por necesidad se vive de los desperdicios ajenos, muchas personas encuentran en el movimiento freegan una manera de desprenderse del sistema capitalista. Así, evitan comprar lo máximo posible y beneficiarse de lo que otros dejan en los contenedores de basura que, no siempre, son artículos inutilizables.

Comiendo de lo que otros tiran

A diferencia de lo que se cree popularmente, los alimentos arrojados a la basura no siempre están en mal estado, están vencidos o son sobras de la comida anterior. En supermercados y restaurantes, suelen arrojarse todo tipo de productos diariamente sin que esto signifique que no se pueden consumir. En grandes tiendas de comida, por ejemplo, se desechan los platos que han sobrado en el día, ya que no pueden vender comida recalentada o que lleve más de un día en el refrigerador.

Se calcula que sólo en los Estados Unidos diariamente un 40% de los alimentos son arrojados a la basura sin haber sido cocidos o probados. Esta cantidad alcanzaría para erradicar el hambre en ese país.

Ahorrando en pos de un mundo mejor

Pero el concepto del que parte el freeganismo no es puramente económico. Los freegans buscan más que ahorrar, sino que su intención es reducir el impacto que su participación en la economía genera en el medio ambiente. Así, cada vez son más los que se alejan de la compra innecesaria de productos que provienen de la explotación animal, como cueros, lanas, productos lácteos, miel, huevos, seda, etc. pero también de explotación humana de la que todos somos partícipes.

Aunque no todos podemos ser freegans, muchas de las consignas para el cuidado ambiental y el ahorro que este movimiento propone resultan muy interesantes, así, podemos contribuir con un pequeño grano de arena y llegar a fin de mes con menos complicaciones.

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¿Ahorrar sólo cuando hace falta?

por Daniel Schvartzman Septiembre - 6 - 2009

Busquemos un ahorro sostenible

Busquemos un ahorro sostenible

Todo el mundo ahorra en tiempos de crisis. Falta dinero, falta trabajo, queremos mantener un determinado estilo de vida y nos vemos obligados a sacrificar ciertas cosas y hacer algunos esfuerzos extra para conseguirlo. Pero muy pocos recapacitan y se preguntan si ese estilo de vida es saludable o sostenible. Algunos ni siquiera se plantean la posibilidad de que exista otra manera de vivir.

Podemos culpar, y con razón, a muchos otros de haber provocado la crisis financiera actual. Pero en realidad, los únicos verdaderos culpables somos nosotros, todos nosotros. Hemos llegado a un punto en el que solamente nos preocupamos por consumir, y casi cualquier cosa: queremos casas, coches, viajes, regalos, ordenadores, aparatos tecnológicos, etc. Pero casi todos ellos se convierten en caprichos, y cuando no lo son, buscamos siempre los que son más grandes, más rápidos, con más cosas y funcionalidades, los necesitemos o no.

Tal vez sea hora de reflexionar y cambiar de actitud, aprovechar la crisis y la necesidad de ahorrar para plantear un ritmo y nivel de vida más sostenible.

Ahorramos ahora, ¿ahorraremos después?

Un cómico norteamericano se reía de que cuando un avión se retrasaba en el despegue, el piloto aseguraba que recuperarían el tiempo en el aire. Obviamente, decía el cómico, esto quiere decir que el avión va más rápido. Pero entonces, ¿por qué no va más rápido siempre?

En tiempo difíciles, como los de ahora, nos vemos obligados a hacer un esfuerzo extra, apretarnos más los cinturones y evitar todos los gastos posibles. Hay infinidad de cosas que podemos hacer para evitar perder dinero, como usar el agua con inteligencia, no hacer un uso indiscriminado de la electricidad, bajar la temperatura de la calefacción, comprar sólo las cosas que necesitamos (y no las que nos hacen pensar que necesitamos), comprar en los sitios apropiados, informarnos antes de comprar, etc.

Pero, si este tipo de acciones son ventajosas, tanto para ahorrar dinero como para contribuir al medio ambiente, ¿por qué no hacerlo siempre? Cuando buscamos alguna dieta para adelgazar, siempre nos dicen que la mejor dieta es la que puedes mantener después, no la que te permite adelgazar sólo en un momento dado. Podemos aplicar la misma idea al tema del ahorro: ¿es preferible guardar algo de dinero, para gastarlo todo otra vez cuando ya no haga falta ahorrar, o encontrar un estilo de vida sostenible, agradable y en consonancia con el resto de la sociedad y del planeta?

El ahorro y los pequeños cambios de hábitos

El truco está en cambiar nuestros hábitos y sobre todo el valor que damos a las cosas, desde el gasto de agua hasta la compra en el supermercado. Podemos pensar que usar la ducha en lugar de la bañera, apagar el grifo cuando nos lavamos los dientes, rebajar en uno o dos grados la temperatura de la calefacción, usar el aire acondicionado sólo en momentos indispensables, utilizar un sistema de riego por goteo e infinidad de otras cosas no son más que pequeños gestos que en realidad no aportan nada a nivel global.

Pero lo cierto es que todas estos gestos aportan mucho, principalmente en tres aspectos: un ahorro en nuestros gastos, que puede llegar a ser entre el 10 y el 30 % o más de nuestras facturas totales; un ahorro a nivel de comunidad, con el consiguiente aporte (o mejor dicho, menor daño) al medio ambiente (si todos desenchufáramos los aparatos en lugar de sólo apagarlos, ahorraríamos entre el 10 y el 20% del consumo energético mundial); y lo más importante, demuestran que damos un valor a todos estos gestos, que tenemos la iniciativa para tomar medidas y que tenemos conciencia de la importancia de un estilo de vida sostenible en lugar de consumista. En el peor de los casos, nuestros hijos podrán sacar algo de ello.

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No todo sirve para ahorrar gasolina

por Mauro Picatoste Septiembre - 1 - 2009

Falsos mitos del ahorro de carburante (Fotografía: Dear Harry)

Falsos mitos del ahorro de carburante (Fotografía: Dear Harry)

Seguro que todos hemos escuchado por ahí trucos milagrosos para ahorrar el combustible de nuestro coche y así no gastarnos el dinero que tanto nos cuesta ganarnos. Muchos de estos “trucos” son, simplemente, leyendas urbanas o falsos mitos que, como todos, tienen un origen desconocido.

Nunca sabemos ni por qué ni quién es el que lo ha dicho, pero dedicamos parte de nuestra vida a somatizar ciertas actividades que incluimos en nuestra rutina diaria para gastar menos, y a la hora de montarnos en el coche los ejecutamos de manera automática sin pararnos a pensarlos un poco.

Falsos mitos del ahorro de carburante: El punto muerto, no tan muerto

Desde hace años, los motores de los coches son de inyección electrónica. Es decir, ellos mismos se encargan de regular el gasto de combustible adaptándose a las necesidades del vehículo en cada momento. Por esto, no tiene sentido intentar ahorrar gasolina descendiendo las cuestas en punto muerto, porque el propio motor, aunque tengamos una marcha puesta, “entiende” que no es necesario un gasto excesivo.

Si se pone el punto muerto, el motor necesitará el carburante para funcionar, así que estaremos haciendo un gasto con el que no contábamos en lugar de ahorrar. Eso sin contar lo peligroso que es ya que se pierde el control del coche. Con la marcha puesta, las ruedas son las que se encargan de mover el motor cuesta abajo, así que el motor “comprenderá” que no es necesario que funcione.

Y todo por ahorrar, supuestamente, gasolina. Algo que también pasa cuando decidimos llenar el depósito con gasolina de 98 octanos en lugar de con 95, aunque nuestro coche nos marque la segunda. La diferencia de precio no es tan grande como para hacerlo, aunque es cierto que la de 98 octanos es una gasolina más pura. De todas maneras, es mejor llenar nuestro depósito con el tipo de gasolina que nos marca nuestro coche. Y lo mismo con el diesel premium y el normal.

Falsos mitos del ahorro de carburante: Ni por tamaño ni por pastillas

La idea general que existe sobre que los coches pequeños gastan menos que los grandes también es una de esas verdades a medias. Es cierto que los depósitos son de mayor o menos tamaño dependiendo del coche, pero que el posible ahorro por un lado nos condicione en nuestra circunstancia que tendría que ser secundaria, si no terciaria.

Lo que sí que realmente nos ayuda a que el coche gaste menos será nuestra forma de conducir; la conducción responsable y sin excesos es la que sirve para ahorrar combustible porque ¿de qué sirve tener un coche pequeño si nuestra conducción se basa en acelerones y en llevar el cuentaquilómetros hasta el máximo? Pues de nada, porque esa es una de las principales causas del gasto de gasolina o gasoil.

Y la idea de esas pastillas y aditivos que se echan en el combustible para reducir el gasto, más de lo mismo. De hecho, pueden conllevar un riesgo de que el motor sufra obstrucciones o de que los filtros terminen por estropearse. Hemos pasado de intentar ahorrar combustible a tener que gastarnos el dinero en una costosa reparación…

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¿Cuál es la mejor oferta de supermercado?

por Helena García Agosto - 28 - 2009

Foto de la web: www.westernstorevideo.com

Foto de la web: www.westernstorevideo.com

Cada vez son más los que optan por ir a hacer la compra al supermercado en lugar de acudir a las tiendas de barrio. En estos grandes centros, además de encontrar reunidos todos los productos de primera necesidad, ofrecen al público una gran variedad de ofertas.

Además, los grandes supermercados destinan buena parte de su publicidad a anunciar en televisión sus ofertas, apostando, generalmente, por cómicos spots o carteles. A veces, puede que realmente salgamos beneficiados con estas ofertas pero, en la mayoría de los casos, compramos sin necesidad, sólo porque está más barato.

¿3×2 o la segunda unidad a la mitad?

En el primer caso, los packs de ahorro que nos ofrecen adquirir tres unidades por el precio de dos, podemos ahorrar un 33%, aproximadamente, en cada unidad adquirida. Por otro lado, en el caso de acogernos a la oferta de la segunda unidad a la mitad de precio, estamos ahorrando por cada producto un 25%.

Por tanto, si nos fijamos en el criterio del porcentaje ahorrado por unidad adquirida, es más favorable la oferta del 3×2.

Pero si tenemos en cuenta el dinero que gastaríamos si ese producto no estuviese de oferta, el resultado es el contrario. Es decir, si no hubiese oferta a la que apuntarse, sólo compraríamos una unidad del producto, en cualquiera de los casos. Por ese motivo, en la oferta de 3×2 estaríamos perdiendo el doble de lo que pensábamos gastar. En el segundo caso, el factor del gasto sólo se ve incrementado 1,5 veces al gasto inicial.

Así que, si valoramos las ofertas por el dinero que estamos gastando de más, “la segunda unidad a la mitad” es la más rentable.

Cómo sacarles partido

Estas ofertas realizan una pequeña rebaja del precio de los artículos que ofrecen, porque saben que acabarán obteniendo beneficios por el consumo masivo de dichos productos por parte de sus clientes.

Este tipo de ofertas pueden resultar beneficiosas siempre y cuando sepamos cómo sacar partido de ellas. Lo más lógico es vencer la tentación de comprar artículos innecesarios. Si nunca habíamos incluido ese producto en nuestra lista habitual de la compra, ¿por qué hacerlo ahora? No nos hace falta y, por mucho que esté de oferta, comprar sin necesidad supone un derroche.

Por último, un pequeño consejo sobre cómo beneficiarnos de los packs de ahorro. Los casos en los que sí debemos adquirirlos son aquellos en los que estemos seguros de que los acabaremos consumiendo como, por ejemplo, los embutido o los yogures.

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El peligro de confiar en la suerte

por Daniel Schvartzman Agosto - 26 - 2009

No podemos confiar sólo en la suerte

No podemos confiar sólo en la suerte

“Te presentamos un sistema revolucionario con el que te harás rico con poco esfuerzo”. ¿Cuántas veces habremos escuchado esto? ¿Y cuántas habremos pensado que lo que nos ofrecían era en realidad una buena idea? ¿Y cuántas hemos estado a punto de dar un poco de dinero, o no tan poco, con la seguridad, o la esperanza, de que lo recuperaríamos con muchos intereses?

En la mayoría de los casos, por no decir todos, ese dinero acaba perdiéndose, junto con nuestra dignidad, nuestras esperanzas y nuestro tiempo. Lo cierto es que ganar dinero requiere esfuerzo, ambición y cabeza. No podemos esperar a que llueva dinero del cielo, o a hacernos ricos con sistemas revolucionarios que nunca nadie en toda la historia no ha pensado antes. No podemos contar con que nos va a tocar la lotería. Y no debemos dejarnos llevar por la ilusión de los sistemas milagrosos.

Sistemas milagrosos: pirámides de dinero

La idea de las pirámides de dinero es relativamente sencilla. La esencia del sistema es el reclutamiento: cuanta más gente reclutes, más dinero ganarás. Cuando te reclutan (la única forma de entrar), debes dar o “invertir” una determinada cantidad de dinero, digamos 100 euros. Tu misión será reclutar a dos personas, cada una de las cuales debe poner a su vez otros 100 euros. De esa manera, se te suma una comisión y subes de nivel. Tus reclutas volverán a hacer lo mismo, y cada vez que se complete un nivel, tú subirás al siguiente. Al llegar al nivel “X” (puede ser el 5º o el 25º), se te desembolsa todo el dinero ganado en cada nivel de una vez.

Parece algo a prueba de fallos. Pero es una ilusión. De hecho, incluso aunque confíes en ello y la cosa funcione, pueden pasar meses o años antes de conseguir tu recompensa. El problema es que el ganar o no depende de ti sólo en la primera fase. A partir de ahí dependes por completo de otros, y cada vez de más gente a medida que avanzas de nivel. Y en el momento en que falle una sola persona, todo el castillo de naipes se derrumba. Lo más probable es que la persona a la que le diste el dinero se quede con ello.

Sistemas milagrosos: ¿pueden funcionar?

Existen miles de ejemplos como el anterior. Lo cierto es que no todos los que plantean estas ofertas lo hacen de mala fe. Al contrario, suelen ser personas que están convencidas de que su sistema o su producto funcionan.

Por respeto y por precaución, debemos darles el beneficio de la duda. Pero nunca debemos dejarnos convencer con facilidad y confiar ciegamente en ninguno de estos sistemas que prometen hacernos ricos sin esfuerzo y en poco tiempo. Para empezar, si fuera así, la persona que nos intenta convencer, o por lo menos la que le convenció a ella, ya sería rica.

Lo importante es informarse bien y contrastar los datos. Si nos plantean un producto milagroso, debemos preguntarnos quién fabrica ese producto, de dónde sale, por qué se hace (¿por qué no lo utiliza la comunidad científica o médica?). Si el sistema es innovador, qué posibles problemas puede tener, y por qué no se ha hecho hasta ahora. Como mínimo, si finalmente decidimos confiar y aprovechar la ocasión, lo haremos con mucha más seguridad y decisión. Podremos incluso convencer a los siguientes con más y mejores argumentos y tal vez convertir la ilusión en realidad.

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