Sucede alrededor de mundo que hay ciertos gastos que solo pueden cubrirse con monedas. Generalmente con costos pequeños que ameritan ser abonados con cambio pequeño. Colectivos, estacionamientos, subtes, trenes, teléfonos públicos y otras tantas instancias de la vida cotidiana que requieren que el precio no sea abonado con billetes. Ahora bien, algo que parece relativamente inofensivo puede llegar a convertirse, en primer término, en un incordio y, en segundo término, [ ... ]




